Caminaba por aquella apacible tarde por la playa. Su cabello castaño oscuro ondeaba al viento costero, dejando entrever su cabello ligeramente rizado. Su vestido floreado flameaba y su mirada se encontraba clavada al horizonte, donde podían verse dos gaviotas que emprendían el vuelo desde la costa. Sus ojos oscuros denotaban que algo la aquejaba. Nadie sabía que era. Incluso sus mejores amigas no lograban descifrar lo que atormentaba a la joven. Una llamada la sacó del estado de meditación que mantenía. Abrió su bolso que llevaba al hombro. ‘Gabriel llamando’. No contestó. Ni siquiera se le pasó por la mente que era su mejor amigo.

    Se detuvo en un pequeño quiosco y compró una botella de agua mineral. En el preciso instante que recibió la botella sufrió un lapsus. Recordó esa ocasión en casa de David, ese momento inolvidable, que por estas cosas del destino estaba comenzando a ser un tormento.

-Oiga hija, ¿le pasa algo?- Hablo la quiosquera.
-No, nada, no se preocupe.-
-Usted sabrá, yo también fui joven, también pasé por lo mismo.-
-Hmm…-replicó Eleonora, luego agradeció a la quiosquera y siguió el rumbo. ¿Hacia dónde? Ni siquiera ella lo sabía.

    Caminó unos metros y se sentó en la arena, en un lugar equidistante entre la orilla y la avenida. Sacó sus anteojos de sol y la botella, de la cual bebió un sorbo. Un trago amargo…

    “…Pero también hay muy pocas veces en donde sin esperarlo, los sueños se hacen realidad.”

    Recordó aquel momento, aquel beso, aquel momento perfecto. Dos lágrimas rodaron por su rostro de tez blanca, dotado de una hermosura jovial. Su teléfono volvió a sonar. Era David.

-Eleonora, necesito conversar contigo.
-¿Dónde estás?-Contestó insegura.
-Frente al mirador.
-Voy para allá.- Colgó, se levantó y emprendió el rumbo hacia el mirador, que se encontraba a aproximadamente una cuadra de allí.

    Caminó rápido hasta que divisó a David por su contextura maciza y su particular estilo. No se saludaron y siguieron caminando hasta el mirador. No tomaron sus manos, solo avanzaron. Luego David habló:

-Mira Eleonora, las cosas no se han dado como queríamos. Quizás no pensamos en eso cuando empezamos todo esto. Además estoy pensando en quedarme unos días más aquí en la playa porque llegan mis amigos de Santiago.- Eleonora sabía desde hace poco que David sentía cosas fuertes por su amiga Mariana, que era a quien se refería. Además Mariana también tenía sentimientos por David.- Creo que deberíamos dejarlo hasta acá.
-¿Y qué pretendes hacer? ¿Olvidar todos los meses que estuvimos juntos así como así?
-Pero Eleonora entiende las cosas no se die…
-¡¡¡Contéstame a lo que te pregunto!!! ¿Acaso fui un juego para ti?
-No, no, mira…
-¿Sentiste alguna vez algo por mí? ¿Alguna vez me quisiste? ¿Me quisiste algu…
-No, no te quise, nunca pensé que iba a quedarte gustando.-Respondió enojado David

    Eleonora miró a los ojos a David mientras su cara pasaba de la ira a la tristeza. Sus ojos se llenaron de lágrimas y salió corriendo desde el mirador. Llegó hasta la calle, volteó a ver a David, para ver si demostraba algún tipo de culpa o arrepentimiento. No fue así. Tomó con fuerza el collar que llevaba puesto, se lo arrancó del cuello y lo lanzó a la arena, que gracias al viento, cubrió la placa que rezaba ‘David’

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Original de Gonzalo Barraza, del 31 de diciembre del 2011

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